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el blog de una universitaria cubana

Para los niños: la esperanza del planeta

niños cubanos

Hoy es el Día de los Niños. Habría querido escribir algo más temprano, pero mis clases en la Universidad me retuvieron hasta ahora. Hace pocos años yo celebraba este día como niña,  ya no. Pero no importa, lo bueno es no olvidar aquellos años en los que fui tan feliz.

Recuerdo que todavía siendo bien pequeña siempre me compraban juguetes, junto con todos mis amiguitos del círculo infantil teníamos juguetes para ese día. Los juguetes son uno de los mejores regalos que puede recibir un niño, no ropa o zapatos, por lo menos a nosotros esas cosas no nos importaban en aquellos años. Los juguetes me encantaban.

Después vinieron los años duros del periodo especial o de la crisis de los 90. Ya no se podían comprar juguetes . Sin embargo, el día nunca pasó por alto. En la escuela siempre había fiesta, se hacía con lo que se podía, pero se hacía. Después llegaba al barrio y ahí el CDR organizaba otra fiesta más. Sencilla, pero era fiesta.  Y nosotros jugábamos y nos divertíamos hasta el cansancio.

Recuerdo que tenía una auxiliar pedagógica en la escuela que nos enseñó a inventar los juguetes. Con cajas de cartón hacíamos entre todos casas lindísimas para las muñecas, o carros para los varones. Entonces el juguetes tenía encanto doble: primero aquel proceso interesantísimo de convertir el cartón en muebles, camas, televisores…; y después tener el juguetes completo y jugar con él. Eso fue muy bueno porque desarrollé habilidades manuales que hoy me sirven mucho.  Con el tiempo, eso de fabricar el juguete se fue haciendo la parte más entretenida. Creo que casi fue un vicio para mí. Incluso cuando tenía 12 ó 13 años, que  la situación mejoró y se podía comprara más fácilmente los juguetes,  pasaba mucho tiempo inventandolos y enseñando a mis primas y amiguitas más chiquitas cómo hacerlo.

Fueron años muy felices y sin preocupaciones. Tal vez, los mejores de la vida. Hoy caminaba por las calles y veía a los niños  llegando a sus escuelas, sonrientes, alegres. No viven en un país perfecto, pero viven en un país que se esfuerza porque tengan infancias felices, como la mía, y que lo logra en gran medida. Qué suerte tener esta realdiad, y qué triste saberla exclusiva de unos pocos países en el planeta.

Yo pienso en los millones de niños que desgraciadamente no han podido tener una infancia feliz. En los millones que en este preciso momento no tienen ni  migajas de pan para comer, o que no saben dónde dormirán esta noche.  Los que limpian parabrisas en semáforos de México o Río de Janeiro, los que viven de limosnas en Haití, los que mueren de parasitismo en África, los que despiertan con el estruendo de las bombas en Bagdad o en Gaza.  Se me agita el corazón. Y se siente impotencia. Se siente culpa por sonreir, por tener tanto. Y se sienten deseos de hacer algo para cambiar tanto sufrimiento, que no es más que cumplir con nuestra condición de seres humanos.

Ana

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1 junio 2009 Posted by | Cuba | , | 16 comentarios