CubAlMater

el blog de una universitaria cubana

FELAFACS… ¿?, en fin

FELAFACS terminó hace dos días y me ha quedado una tristeza que no logro entender. No hay causa aparente. El evento salió muy bien, quizás mejor de lo previsto.

Se acreditaron más de 1200 delegados, y de ellos algo más de 900 eran extranjeros. El tema central era la Universidad dentro de la Sociedad del Conocimiento, y sobre eso mucho se dijo. Las conferencias magistrales de Jesús Martín Barbero, Francisco Sierra y Octavio Islas fueron todo un éxito, si consideramos que la sala plenaria del Palacio de Convenciones estuvo llena los tres días. Los Diálogos estuvieron menos concurridos, pero igualmente fueron muy interesantes.

En las tardes, las mesas de trabajo dieron oportunidad a que también los que investigan sin el respaldo de un nombre famoso compartieran sus experiencias. Preguntas, comentarios, opiniones e inquietudes de todos contribuyeron a crear ambientes de fraterno intercambio y colaboración.

El conocimiento y pensamiento académicos fueron los protagonistas.

En las noches tampoco hubo tiempo de descanso. Si me pongo a relatar lo sucedido, me alcanza para un libro. Así que mejor me centro en contar la inolvidable experiencia de ver a Dr. Francisco Sierra, profesor titular de la Universidad de Sevilla, bailando y cantando toda la noche entre jóvenes cubanos y extranjeros en la discoteca del Centro Vasco, y luego sentarse a esperar la madrugada mientras tomaba cerveza y conversaba con los muchachos.

La clausura bailando conga al ritmo de Sur Caribe fue otro momento para recordar.

Pero a pesar de todo, la tristeza sigue, y yo me pongo a indagar posibles causas. Quizás fue porque solo se mencionó a Honduras unos instantes en la clausura, quizás porque nadie recordó a los que quedaron en sus países sin poder venir, quizás porque solo se habló de sociedad del conocimiento, de medios, de poder, de diseños curriculares, de industrias culturales, de mercado laboral, de universidades, y casi no se habló de América Latina.

¿Por qué no se discutió sobre los millones de indígenas que nunca han ido ni irán -si seguimos como vamos- a las universidades, y no sabrán que hay una tal “sociedad del conocimiento”? ¿Por qué no se habló de los millones de niños latinoamericanos que no viven en la sociedad del conocimiento sino en la del trabajo forzado y la miseria? ¿Por qué nadie se preguntó cómo la comunicación puede contribuir a cambiar la realidad tan desigual y contradictoria de nuestra tierra americana?  ¿Es que acaso olvidamos que quienes ya murieron luchando, y quienes luchan hoy su supervivencia, nos piden a gritos que hagamos algo para sacudir de una vez este mundo?

Entre conceptos y pensamientos rebuscados, yo me cansé de buscar sentidos que no encontré.

A FELAFACS le faltó CONTEXTUALIZARSE en el hoy y ahora de nuestro continente. Salvo muy honrosas excepciones (sobre todo cubanas, no es nacionalismo, más bien me duele admitirlo), en FELAFACS se dedicaron a discutir sobre cómo hacer mejor comunicación, mejor investigación, mejores universidades, pero no a cómo hacer de este un mejor continente.

Una sospecha me atormenta y ojalá no encuentre nunca razones para comprobarla, pero me pareció que se trataba de hacerle competencia al campo de la comunicación que se desarrolla en el Primer Mundo, con la cuota de elitismo que ello implica. Eso sería fatal, pues a nosotros, los históricamente oprimidos, no nos toca tratar de competir ni de imitar, nos toca buscarnos nuestro propio camino para andar en busca de nuestro propio horizonte.

Por suerte, la tristeza cede al recordar a Jesús Martín Barbero, una de las honrosas excepciones, cuando puso en dudas esa sociedad del conocimiento y dijo que en nuestro continente lo que tenemos es la sociedad del desconocimiento, si tomamos por conocimiento el saber producido en academia. Habló entonces de otro conocimiento, de ese que es resultado de la experiencia, la innovación y la creatividad de nuestra gente, de ese conocimiento gracias al cual sobreviven hoy nuestros pueblos latinoamericanos.

Alguien le preguntó a Barbero si él era un pesimista, y respondió: “No soy ni pesimista ni optimista, pero tengo esperanza, la esperanza que me dan los desesperados”.

Y entiendo ahora que es ahí donde está la esperanza del cambio: en los desesperados, en los que no tuvieron dinero para pagarse un boleto de avión y asistir a FELAFACS, en los que no tienen dinero para pagar su matrícula en una Facultad de Comunicación privada, en los que trabajan, en los que sobreviven, en los que luchan, en los que sueñan.

Ana Rivero

Yohandry también fue a FELAFACS…

24 octubre 2009 - Posted by | América Latina | , , , , , , , ,

1 comentario »

  1. […] Continuar leyendo… https://cubalmater.wordpress.com/2009/10/24/felafacs-¿-en-fin/ […]

    Pingback por 3711 FELAFACS, XIII Encuentro Latinoamericano, Cuba, Cuba/mater, Ana Rivero « Octavio Islas [octavio.islas@proyectointernet.org] | 25 octubre 2009 | Responder


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